octubre 04, 2012

¿Quién sembró ese Campo?

©Elisa Finocchiaro http://bit.ly/PCd8Ue
Para nadie es un secreto, señor alcalde de Cartagena, que durante su carrera detrás de los micrófonos usted sembró el camino para llegar a la magistratura que hoy preside. Con cierta crudeza, y tristeza, señalé alguna vez que el pobre es agradecido. Y, con buena voluntad -ante la duda abstente-, señor alcalde, le reconozco que en su labor priorizó a ese pobre y usted fue su voz. Más allá del populachismo y la fanfarronería con la que se mostraba, usted fue la voz de miles de personas necesitadas que acordonan la ciudad heróica.
Y el agradecimiento del pobre se hizo voto y usted fue elegido alcalde. Le reconozco que nunca vi tanta gente votar. Era tanta, que ese día de elecciones no pude votar temprano como pretendí. Y aunque llovía copiosamente sobre la ciudad, le insistí a mi hermana que había que votar por la sencilla razón de que sólo quién lo hace tiene derecho a reclamar. Luego de ejercer mi derecho -deber- ciudadano, me topé con gente que reconocía haber votado por usted aunque no por razones, a mi juicio, nobles. "¡Es que ya es tiempo que le toque a un negro!", decían. "¡Los blancos ya han robado mucho! ¡Que un negro robe también!".
La sociedad en la que vivimos ha aceptado la corrupción como algo natural. En términos tecnológicos, el error ha sido automatizado. Lo que está mal, ya se acepta y eso es razón para decidir una u otra cosa. Y está bien, digo yo. Total. El libre albedrío nos fue dado para algo.
Que usted sea negro, blanco, indio, africano, cordobés o de Cafarnaúm da lo mismo si la voluntad de servicio prima ante el interés particular y usted lo demostró en su labor periodística. A mi modo de ver las cosas, ese fue el motivo que lo aupó a la silla que hoy ocupa. Usted no necesitaba de nadie más que el pueblo al qué noblemente sirvió.
Sin embargo las rémoras siempre están ahí y usted sucumbió ante ellas. ¡No, por favor! ¡No! Si el libre albedrío nos fue dado para algo, ¿no se le ocurrió pensar que ésas rémoras estaban merodeando su nave por alguna razón?
Tales rémoras y su permisividad nos han traído hasta este punto. Hoy, luego de diez meses de haberse posesionado, su ciudad -mi ciudad y la de tantos otros que la habitamos y queremos- está a las puertas del caos, si es que aún no las ha traspasado ya. Sin embargo, toda esta misiva no va dirigida a usted. Ya existen entes de control a los que imploro revisen su gestión -gestión que usted por pensamiento, obra u omisión confundió con la que realizaba detrás del micrófono.
Me dirijo a sus electores. ¿Dónde están? ¿Acaso no reclaman ustedes cuando aquello por lo que pagan no cumple con sus expectativas? ¿O es que sencillamente no aplica el caso para la ciudad en la que viven?
Cartagena implora su ayuda pero les exige responsabilidad por su elección. Y, ahora sí señor alcalde, el hecho que no haya votado por usted, no me exime de hacer algo por esta ciudad que tan noblemente me forjó como profesional y me ha dado sustento desde hace ya algún tiempo.
Agradezco respuestas pero valoro más las acciones.
Desde este rincón del dospuntocerísmo, un indignado más.

P.D. Más allá de este reclamo, señor alcalde, ruego a la Vida por su salud. Humanidad, nobleza obliga.

3 comentarios:

  1. El alcalde de Cartagena no puede hacer nada con un cáncer de pulmòn q lo aqueja. Como pedirle q haga algo por su pueblo? Mas bien pedirle a Dios por su salud y q el proximo y cercano mandatario por el que vote esta ciudad, la levante y organice.

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  2. A mi juicio, Campo ayudaba mucho más al pueblo desde su noticiero popular, incluso, la gente lo quería más. Quizá sus intenciones no fueron malas, pero era obvio que iba a figurar como un títere. Lamentable lo de su enfermedad. Lo mejor que puede hacer es renunciar, por el bien de él y de la ciudad y que se convoquen a nuevas elecciones.

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  3. Grande maestro, palabras de don Andres, gracias por las verdades tristes de nuestra Cartagena

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