abril 03, 2013

Cuento pre-réquiem

Por Ángela Jiménez

Aún no había muerto,  y sin embargo mi madre ya alistaba la ropa para su funeral.  Sus ojos, cada día iban perdiendo el fulgor que iluminaba la casa materna. Cada vez probaba menos bocado, y ella sabía que el día del éxodo podría llegar en cualquier momento.

Como podía con sus manos llenas de torpeza,  propia de la vejez que le estorbaba, se rezaba cuatro rosarios al día, rogándole a la virgen que intercediera ante el Padre para que le diera cinco años más de espera y prolongara sólo por esos pocos días su permanencia la tierra.

Sus rezos eran interrumpidos por ella misma cada treinta segundos, pues olvidaba por momentos la continuación del Ave María que se sabía al derecho y al revés en sus tiempos de juventud; en aquellos tiempos rancios, en los que la gente tenía temor de Dios, y pretendía empatar los pecados de la vida profana, coreando alabanzas al cielo, que sólo por la fe que le obligaron a tener, creía eran escuchadas.

Su voz se había tornado flemática y sus ademanes, cada vez más lerdos.  Algunas veces entre los renglones de su memoria,  se le escapaban nombres, y palabras comunes. Su enmarañada cabeza, le permitía desvariar  y le hacía viajar en pequeños espacios de tiempo a su pueblo natal; luego a los 20 minutos, podía querer  salir corriendo a la casa de su hija más querida, porque ella sabía que la casa estaba a la vuelta de su cuarto,  --“ sí aquí mija, aquí a la vuelta de la casa”--, que realmente, era la habitación en un cuarto piso, del hospital en el que estaba internada a razón de sus quebrantos de salud.

Su válvula mitral estaba ya burlada a causa de los 91 años que “su Dios le había regalado".  Aunque tengo la leve sospecha de que fue por el argumento válido  de las vicisitudes que le tocó sortear a lo largo de su vida.  Era una mujer agria, dura, reacia, indócil e insolente...  Recuerdo que pocas veces sonrisas tímidas se escabullían por entre su rostro.  Su rictus frívolo, no daba lugar para pensar en estremecer su alma aún con el gesto más tierno propio de la infancia de sus nietos más pequeños. Es más, recuerdo perfectamente, que nunca la vi llorar, porque no era una mujer sensiblera.  Por el contrario, todo el tiempo le huía a la temeridad.   Esa mujer era un roble.  Un roble de raíces fuertes, que nada, nunca, podría derribar.

La casa de la abuela ya olía a flores y a inciensos... A los olores que más les he temido en la vida. Evitaba ya  dormir por el temor de ser sorprendida a prima noche por su indomable espíritu antojado de recoger los pasos en las casas que tenía más entretejidas a su corazón. Tenía el temor  de cerrar los ojos, pues en cualquier momento podría cumplir su amenaza fatal de "agarrarme el pie, pelarme los dientes y mostrarme sus ojos  desorbitados al tiempo que con su mano derecha jalara su lengua", todo aquello en síntoma de protesta por las veces en que le desobedecía.  La desobediencia que encontraba en mi disfrute, el pellizcar los pezones que cubría su bata, y agarrar con fuerza y constantemente sus firmes nalgas por encima de la pollera. Cuánto detestaba que yo hiciera eso; sin embargo, aprovechaba cualquier momento de su descuido infantil, para reincidir con alevosía.

Nunca, a pesar del alzheimer tardío que me hacía reír continuamente, olvidó su escalofriante amenaza. El irrevocable ultimátum al que siempre desatendí burlonamente y al  que ahora  más que nunca, temo que formalice cuando alguna fuerza desconocida, falle a favor de la conclusión de su vida.
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noviembre 24, 2012

Menos mar, ah?

Tomado de http://www.flickr.com/photos/nasamarshall/4544230084/sizes/m/in/photostream/
Ríos de tinta y torrentes de bytes han corrido sobre el fallo que la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitió sobre el conflicto limítrofe entre Nicaragua y Colombia sobre el archipiélago de San Andrés y sus cayos e islotes circunvecinos. Claro y contundente.
Es obvio que habrá gente inconforme en cualquier decisión. ¿O es que usted cree que la mujer que renunció al niño que el rey Salomón decidió cortar por la mitad lo estaba? ¡Primero el bienestar del niño!, dijo ella. Y, ya que hablamos de bienestar, ¿alguien había pensado en el bienestar de los sanandresanos antes del fallo?
¿Qué más da que me preocupe antes o después?, pensará usted. Fíjese que sí. La diferencia es abismal. De preocuparse antes a preocuparse después hay un "hoyo soplador".
Y es que seguir la tónica de la indignación por semejante pedazo de tierra, excuse usted, raya en la hipocresía. San Andrés no es solo el lugar de escape para vacacionar. Hay gente que vive allí.
Sin embargo me preocupa el populismo desenfrenado de quién agita banderas y promueve movilizaciones (navales?) para defender lo "propio" cuando quizá nunca fue asumido como tal. No puedo dejar de sospechar de quien busca intereses personales para aúparse al poder a costa de los que hoy sufren para ser olvidados mañana.
Por favor, no olvidar que por evitar una disputa bélica se recurrió a un ente imparcial. A acatar. Y a quién le corresponda, que asuma su responsabilidad. Tampoco olvidar que mientras la gente de ultramar sufre, la gente del territorio continental también. Y mientras todos sufren, otros roban. Pilas, que mientras el cacareo esté formado el zorro aprovecha. Se las dejo ahí. Leer más...

noviembre 23, 2012

No es otro nuevo día

A quien corresponda.

Es un poco difícil escribir este día, pero es menester. Y aunque lo más seguro es que estas letras pasen desapercibidas, es mejor intentarlo que seguir en la sombra.
Mientras escribo, escucho notas tristes de Amy Winehouse pero no me atrevo a detenerlas. Me dan sosiego.
Quizás despertaste deprimida, que no lo creo. Pero este no es un día normal. El ciclo de la vida hoy comienza a plasmar una nueva espiral.
Aunque hoy lleguen todos los saludos de felicidades desde los más recónditos rincones del mundo, eres tú quien tiene el poder de dibujar tu existencia. Quizá esos saludos sean el mejor combustible para iniciar tan largo camino. Quizá sea bueno que lleguen muchos.
Incluyo el mío porque conozco de primera mano la hermosura de tu ser y se que tu vida tendrá luz. Sólo debes quitar las telarañas de tu ventana y todo se aclarará.
Quizá las circunstancias que vivimos no me conviertan en el mejor portador de tantos deseos, pero es un poco de mi que quisiera que tuvieras este día. Aunque insisto, quizá pase desapercibido.
Finalmente sonrío, porque el mensaje debe llegar con lo aprendido. Y eso aprendí de ti, aparte porque eres buena maestra: tu sonrisa es maravillosa.
Sonríe. No es otro día el que comienza.

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octubre 04, 2012

No more trouble!

Recordando las visicitudes que hoy vive el pueblo sirio, traigo a la audiencia de La Hora este mensaje de Robert Nesta Marley: We don't need more trouble! No more war!


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¿Quién sembró ese Campo?

©Elisa Finocchiaro http://bit.ly/PCd8Ue
Para nadie es un secreto, señor alcalde de Cartagena, que durante su carrera detrás de los micrófonos usted sembró el camino para llegar a la magistratura que hoy preside. Con cierta crudeza, y tristeza, señalé alguna vez que el pobre es agradecido. Y, con buena voluntad -ante la duda abstente-, señor alcalde, le reconozco que en su labor priorizó a ese pobre y usted fue su voz. Más allá del populachismo y la fanfarronería con la que se mostraba, usted fue la voz de miles de personas necesitadas que acordonan la ciudad heróica.
Y el agradecimiento del pobre se hizo voto y usted fue elegido alcalde. Le reconozco que nunca vi tanta gente votar. Era tanta, que ese día de elecciones no pude votar temprano como pretendí. Y aunque llovía copiosamente sobre la ciudad, le insistí a mi hermana que había que votar por la sencilla razón de que sólo quién lo hace tiene derecho a reclamar. Luego de ejercer mi derecho -deber- ciudadano, me topé con gente que reconocía haber votado por usted aunque no por razones, a mi juicio, nobles. "¡Es que ya es tiempo que le toque a un negro!", decían. "¡Los blancos ya han robado mucho! ¡Que un negro robe también!".
La sociedad en la que vivimos ha aceptado la corrupción como algo natural. En términos tecnológicos, el error ha sido automatizado. Lo que está mal, ya se acepta y eso es razón para decidir una u otra cosa. Y está bien, digo yo. Total. El libre albedrío nos fue dado para algo.
Que usted sea negro, blanco, indio, africano, cordobés o de Cafarnaúm da lo mismo si la voluntad de servicio prima ante el interés particular y usted lo demostró en su labor periodística. A mi modo de ver las cosas, ese fue el motivo que lo aupó a la silla que hoy ocupa. Usted no necesitaba de nadie más que el pueblo al qué noblemente sirvió.
Sin embargo las rémoras siempre están ahí y usted sucumbió ante ellas. ¡No, por favor! ¡No! Si el libre albedrío nos fue dado para algo, ¿no se le ocurrió pensar que ésas rémoras estaban merodeando su nave por alguna razón?
Tales rémoras y su permisividad nos han traído hasta este punto. Hoy, luego de diez meses de haberse posesionado, su ciudad -mi ciudad y la de tantos otros que la habitamos y queremos- está a las puertas del caos, si es que aún no las ha traspasado ya. Sin embargo, toda esta misiva no va dirigida a usted. Ya existen entes de control a los que imploro revisen su gestión -gestión que usted por pensamiento, obra u omisión confundió con la que realizaba detrás del micrófono.
Me dirijo a sus electores. ¿Dónde están? ¿Acaso no reclaman ustedes cuando aquello por lo que pagan no cumple con sus expectativas? ¿O es que sencillamente no aplica el caso para la ciudad en la que viven?
Cartagena implora su ayuda pero les exige responsabilidad por su elección. Y, ahora sí señor alcalde, el hecho que no haya votado por usted, no me exime de hacer algo por esta ciudad que tan noblemente me forjó como profesional y me ha dado sustento desde hace ya algún tiempo.
Agradezco respuestas pero valoro más las acciones.
Desde este rincón del dospuntocerísmo, un indignado más.

P.D. Más allá de este reclamo, señor alcalde, ruego a la Vida por su salud. Humanidad, nobleza obliga. Leer más...

julio 23, 2012

Declaración de silencio

He dejado mi alma en las escaleras para subir a mi apartamento, encender mi computador y escribir esto. Ya no puedo soportarlo más.

Me declaro en silencio.

Este escrito puede que sea o no importante para alguien. Quizás. Solicito excusas a quién pueda leer estas líneas y sólo pido que pueda entender este desahogo.

En este mundo "dospuntocerista" en el que todos hablan sin tener que ponerse de pie y pedir la palabra y para gritar se hace en MAYÚSCULAS, las buenas ideas van con la cabeza gacha mientras los insultos van en "full definition". Hay que hacerse maestro en la ironía y el sarcasmo, so pena de cruzar el umbral del agravio o la ignominia.

En este mundo en el que nadie entiende palabras como agravio o ignominia, he sido acusado de grosero, altanero, amargado... ¡Válgame!
En este mundo en el que empleando canciones de amor para dedicar se me entiende un fandango, o en el que hablando se me considera como un charlatán, o en el que escribiendo se me ignora simplemente porque ya no se sabe leer.

En este mundo, yo nunca asistí a un taller de escritura creativa. Una vez, el pénsum universitario de mi carrera, exigió que tomase un curso de expresión oral y escrita. En el trabajo final se me acusó de plagiar un texto solo porque mi idea no podía haber sido mía.

Así pues, prefiero el silencio. He decidido salir de mi zona de confort para sucumbir a los requerimientos que el mundo demanda. No molestar.

Y... ¿Por qué? ¿Qué gano? ¿Qué pierdo?
Disculpe usted, señor lector, por haber perdido su tiempo en este escrito. Pero entérese que no me da la gana de callar. En el fondo conservo la esperanza de que alguien como usted se tope con un escrito mío y también me acuse de plagio porque mi idea no es mía. O que me diga grosero. Lo acepto.
Eso sí, le prometo, que me pondré en búsqueda de talleres de escritura creativa. ¡No faltaba más! Leer más...

junio 02, 2012

El hombre del tejado

Era algo así como diciembre. Lolita, mi bisabuela, y yo veíamos la televisión. En aquellos momentos, mis padres me dejaron al cuidado de Lolita después de cenar. Luego de esa hora, tocaba noticiero. En mi corta visión de niño trataba de entender qué era el revoloteo que mostraban en las noticias: Habían dado muerte a la persona más mala en toda Colombia.
Mi abuelita también trataba de buscar explicación a las imágenes que se sucedían una tras otra en el tejado de una ciudad muy lejana a la mía. Al parecer, cual caco, huía sobre los techos de las casas cuando los buenos policías le dieron de baja. Ella me preguntó qué pasaría después. Yo le explicaba, como si fuese experto, que una vez muerto ese señor se acabaría la violencia en Colombia.
Pasó el tiempo y en mitad de una remodelación de mi hogar encontré una edición especial de una revista con la fotografía de aquél hombre muerto en un tejado. Mostraba su rostro: Barbudo, lleno de sangre, con los ojos cerrados. Absorto contemplé aquella imagen mucho tiempo.
Conocí la historia de aquél personaje. El pueblo en el que me crié se alborotó de una manera sin par cuando un sacerdote, mediador entre el barbudo y el gobierno de turno, fue allí de visita. Se temía por su seguridad. Esa visita cautivó mi atención. Era un niño. Leí y pregunté lo que pude. Aquel señor era malo.
Ese hombre hizo mella en la vida de mi país. Lo laceró de tal modo que hoy nos preguntamos qué pasó para que eso nos ocurriera. ¿Qué salió mal? Quizá, eso tenía que pasarnos para crecer como país...
Mi vaticinio para el fin de la violencia no fue tal. Hoy Colombia sigue desangrándose. Tal como ocurrió cuando los colombianos sufrían de daltonismo y daban fin a aquél que vieran rojo o azul según fuese la dolencia del atacante. Nos puede la intolerancia. Aquello que era excepción, hoy es normal.
***
Una productora de televisión ha lanzado la historia de aquél hombre del tejado. Nada mejor que estudiar nuestra historia para no repetirla.
Sin embargo, hacen falta tantos valores. Nuestra juventud está tan falta de educación y formación que aquello que repudiamos por causar tanto dolor, hoy puede ser un "ejemplo a seguir". Todo porque ese hombre no se dejó de nada ni de nadie.
Mis temores se confirmaron al ver en una tienda de ropa una camiseta estampada con su fotografía. Estupor. Leer más...

mayo 26, 2012

Música en honor a África

En la 'Hora', ya hicimos tributo a la tierra roja. África.

Sin embargo, esta web quiere volver a honrar a este continente tan desigual pero tan lleno de riqueza cultural en las postrimerías del día de África, celebrado cada 25 de mayo para conmemorar el nacimiento de la Organización para la Unión Africana.

Quien les escribe se considera gustoso, aunque no experto ni mucho menos, de la música que proviene de este hermoso lugar. Las notas que emanan de aquella tierra transportan a ella, aún sin conocerla, para sentir sus ritmos, sus cadencias y, porqué no, los sentimientos de su pueblo que sufre día a día el inclemente arrastre del 'progreso'.

Para este objetivo, La Hora Gaviria, ha seleccionado piezas musicales únicas e irrepetibles que suenan a África y viven África. Bienvenidos a este viaje...

O Elefante (Ray Barretto)



Una noche en la selva de África. Esa tierra mística, espiritual... De todos nosotros!

Esa frase inicia la melodía de Ray Barretto. La he encontrado muy apropiada para el inicio. El sonido de tambores, instrumento en el que Barretto se desempeñaba de manera magistral, y las trompetas predominan en esta canción que nos envuelve en medio del suspenso de encontrar al prodigioso percusionista y verlo aparecer montado en el 'primer elefante'. Qué cosa más grande!

Coal Train (Hugh Masekela)



Considerada una de sus mejores interpretaciones, esta obra de Hugh Masekela homenajea a los trabajadores del tren del carbón del sur de África. Masekela, sudafricano, tuvo que sufrir a su país en el exilio a causa de la política desgraciada del apartheid. Fue en el gran Nueva York de los 60, una ciudad sedienta de jazz, en la que la carrera de este trompetista, hijo de África, surgió. Pese a estar fuera de su patria, su corazón nunca dejó de latir por ella. Su música fue el mejor reflejo de este sentimiento.

Faux Pas - Mbilia Bel



Escuche las primeras notas de esta canción. Usted tampoco pudo resistirse al menos a mover sus pies, ¿verdad?
Mbilia Bel, nacida en el Congo -tierra no menos maltratada por el colonialismo belga-, con la cadencia de su voz de sirena, asistida por la percusión y las puntadas de guitarra sacuden el cuerpo de quién escucha su música. Esta mujer también suena a África. Ella también es África. Al final, todos lo somos.

Shebeleza - Joe Mafela 



Si usted está en Cartagena, como yo, usted puede regocijarse con el sonido de la champeta, música hija de esta ciudad. Allí, una pieza que no puede faltar en la colección de ningún 'picotero' que se respete: el popular Congo de Mama. Y es que en la zona norte de Colombia, las canciones africanas se conocen con la frase más repetida de la canción adaptada al español. Shebeleza, no escapa de esta definición. Quizá pocos conocen su nombre original. Pero eso poco importa a la hora de disfrutar su sonido. Todo un himno.

Graceland - Paul Simon



En concepto de quien escribe, el country más africano de todos los tiempos. Paul Simon, la otra mitad del dúo Simon & Garfunkel, reunió a músicos africanos para grabar el más bello experimento musical para rendir tributo a un continente flagelado. Graceland, también título del álbum que la contiene, une al popular sonido del sur de los Estados Unidos a África, tierra original. En 2012 se cumplen 25 años del lanzamiento de esta joya musical. Si tiene la oportunidad, honrela.

Kimia Eve - Diblo Dibala



No es la popular 'El Costo de la Vida'. No. Resulta que Juan Luis Guerra hizo un cover a esta canción originalmente interpretada por Diblo Dibala, uno de los más grandes guitarristas que haya parido África.
Sus punteos simplemente son geniales y no hace falta explicar lo que se siente al escucharle. Sencillamente, hay que escucharlo. Sus notas son África pura.
Juan Luis Guerra honra su obra con el álbum Fogaraté, en el cuál se encuentra el mencionado cover a esta bella pieza.

Africa Unite - Bob Marley




Esto pide Robert Nesta Marley. Mejor conocido por el mundo como Bob. Jamaicano universal que nunca olvido a África pide al mundo unidad por los niños de aquel abandonado pedazo del mundo. Qué más se le puede pedir al mundo sino esperanza para condenar al olvido. Bob nos lo recuerda con su reggae que nacido en Jamaica es también africano.

Todas las sugerencias son bienvenidas... Leer más...