agosto 13, 2011

Descargo contra el "Vendedor de Mentiras"

Tomado de 'Bestiario del Balón'
http://bestiariodelbalon.com/2006/03/14/216/ 
Es difícil encontrar palabras exactas para describir al personaje del que les voy a hablar a continuacion, pero a lo largo de esta nota trataré de hallarlas para definirle.
Periodista de profesion, comentarista de fútbol (¿de afición?). Ya ni recuerdo cuándo fue la primera vez que saltó a la pantalla chica y no quiero recordar ese trágico día para la television colombiana.
Cuál tiburón sigiloso se fue apoderando en silencio de la seccion de deportes de cierto canal de televisión y dio el salto a las transmisiones de fútbol de nuestro país. No, señores. No hablo de Carlos Antonio Vélez. Hablo de Javier Hernández Bonnet.

No se en que momento pasó, simplemente sucedió; de pronto fue uno de esos odios que se fue alimentando, poco a poco y sin darme cuenta, hasta que un día estalló. Pero no odio al personaje, claro que no. Hasta me parece un señor agradable, culto, amable. De esos que uno dice "es buena gente" con o sin bigote. Ahora podemos apreciar su sonrisa, aunque sea falsa.
Repito que no lo odio, pero si odio su trabajo, sus comentarios, su análisis del fútbol y no porque lo haga mal como periodista. Todo lo contrario. Tiene una jerga que el mismo Shakespeare envidiaría: fusiones momentáneas de inglés-español al mejor estilo de Yeris Sepúlveda (conózcala aquí: http://www.youtube.com/watch?v=n2pbLmeQvfA). Pero el problema es que le falta a la verdad, y eso para un periodista es imperdonable.

Y si digo que le falta a la verdad es porque es así y siempre lo ha sido. Sólo tomen un par de partidos de muestra de la selección Colombiana que sean consecutivos. Elijan uno donde haya ganado y el siguiente donde haya perdido: Cuando este personaje nos habla de una selección colombiana que ha salido victoriosa nos induce en un mundo similar al de Narnia donde todo es fantástico, maravilloso, espectacular, simplemente genial. Él se encarga de montar en un pedestal de oro lo que repentinamente ha sido normal y simple y, como buenos consumidores, fumamos de su opio y subimos en esa nube voladora.
En el partido de la derrota nos desciende abruptamente a alguno de los infiernos de Dante diciendo que a la seleccion le faltó el tan anhelado 10 y ahí empieza su recital de razones, excusas y pretextos de disfrazar la realidad del futbol colombiano.
Este señor nos ha vendido la idea de que Colombia es un equipo comparable con Brasil, Argentina y demás equipos grandes basados en sólo ganar una Copa América y un 5-0, mientras que el resto de la vitrina de trofeos sucumbe bajo el polvo.
No es justo. A este personaje no se le puede llamar periodista aunque haga notas. Ni siquiera comentarista aunque comente. Es más, hagamos una analogía: Si la selección Colombia fuera un circo y nosotros los espectadores, él no sería un payaso y mucho menos el dueño del circo. Sería el gordo de bigotes puntiagudos que está en la puerta gritando "Pasen! Pasen!" ofreciendo el "Cirque du Soleil" por algo que no llega al nivel de "Los Hermanos Gasca". Por eso, sólo se me ocurre llamarlo EL VENDEDOR DE MENTIRAS.



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