noviembre 12, 2010

Semáforos placebo

Definitivamente no se puede hablar por hablar. Hoy, quien redacta estas letras ha pensado en las veces en que le  he hurgado las costillas a un semáforo. Por favor, no se espante. ¿No me diga que usted no lo ha hecho? ¿Cuántas veces por la impaciencia se le ha dado por presionar aquellos simpáticos botones que están instalados en los semáforos de su ciudad cuando el amigo tricolor se ha puesto en rojo?
Pues bien... Si no lo sabe, se le informa que en la mayoría de los casos está usted perdiendo su tiempo.
La blogósfera, hija de esta herramienta que es Internet, que a propósito se nos ha dicho que un día dejará de crecer (cosa que resigno a creer y me parece un poco risible), me ha permitido encontrar un espacio en el que encuentro la futilidad de estos artefactos. (Gracias Maikel, dóndequiera que estés)
Basado en el artículo de Greg Ross en Futility Closet (qué nombre más acorde), una investigación del New York Times ha descubierto que la mayor parte de estos botones instalados en la Gran Manzana no sirven para un..., para nada!
Mi condición ciudadana me lleva a trasladar el asunto de los famosos botones de "Por favor, Espere" a la ciudad en que resido. Cartagena de Indias no es la 'Capital del Mundo' ni mucho menos. No con ello quiero restar valor a tan noble ciudad que me ha dado tanto pero, si dichos aparatos no sirven para nada más que para engañar, ¿por qué los instalaron?
Será que lo mejor es vivir engañados. O a lo mejor, es que nos gusta que nos engañen. Qué sería de las sociedades sin un placebo que las someta al aletargamiento más penoso y a la vez relajante.
No pretendo que me demuestren si en verdad funcionan, uno a uno, todos los artefactos que han sido instalados. Quizá estoy agitando la famosa tempestad en un vaso de agua. (¿Qué culpa tiene tan minúsculo recipiente de tamaña excitación?).
Solo quiero, que usted, ciudadano, se cuestione. No le pido mucho. Su papel dentro de su ciudad habla mucho de quién es. A la larga, si los famosos "provocadores de cosquillas" no representan un valor significativo por favor, ignore esta sarta de impolutos. Pero, entre tanta necesidad que surge cada día, bajo este mismo cielo y esta misma tierra, le pido por favor que elija entre la nimiedad y la modorra. Antes, le recuerdo que no solo debe elegir por usted. Recuerde a los millares que le rodean. Nada más.

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