octubre 06, 2009

Una mente brillante y una manzana...


Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, buena parte de la humanidad celebra el inicio del mundo libre después del otoño de 1949. Cesan los cañones, callan las ametralladoras y aunque retiemble la tierra después de caer la última bomba, los hombres por fin respiran y esperan la repartición del mundo para decidir en que nuevo bando jugar.
Sin embargo, en un viejo edificio, un hombre guarda un secreto. Y aunque ignorado por la mayoría de sus conciudadanos, ya libres, éste hombre fue uno de los principales contribuyentes al (nuevo) viejo privilegio del que disfrutaban.
Pero, ¿cómo podrían darse cuenta de ello? ¿Acaso no son los héroes aquellos muchachos vestidos de verde que corren por los campos de Europa acabando fascistas? O, ¿no son los héroes los vestidos de gris que surcan los cielos sofocando con sus veloces saetas al enemigo que acosa la gran isla? Sí, son ellos los héroes visibles. Pero también existen otros que desde las sombras trabajaban infatigablemente para recuperar aquél don preciado que ningún hombre debe perder jamás...
Alan Turing, que antes de iniciarse la beligerancia había planteado que todo problema matemático podía representarse con un algoritmo, fue uno de aquellos soldados ocultos. El gobierno británico había establecido en la instalación de Bletchley Park un equipo de criptología encargado de descifrar las comunicaciones enemigas codificadas con la máquina Enigma. Lo lograron.
Este éxito fue una de las piezas claves para dar con el punto de giro de la guerra. Con él y las estrategias militares apropiadas, se gestó el inicio del fin del conflicto: el desembarco en Normandía.
Una vez concluida la contienda, Turing no recibió el reconocimiento de un héroe. Turing cargaba con el peso de ser homosexual, punible entonces por ir contra la moral. Además del rechazo, fue condenado a tomar una de dos opciones: la prisión o un tratamiento con estrógenos. Optó por la segunda, amén de las consecuencias.
Con la carga que le suponía vivir de esta manera, murió en circunstancias extrañas a causa de un envenenamiento con cianuro luego de comer una manzana. Una manzana...
Aunque para muchos la muerte de este hombre aún no quede clara, no faltan dudas para señalar la falta de memoria, la supuesta moral, como razones para que el dulce sabor de una fruta, finalmente letal, concluyera la existencia de una de las mentes más brillantes del siglo XX.
Pero los hombres cambian tal como lo hacen los tiempos, y Alan Turing fue reivindicado por el gobierno británico que, a pesar de actuar tarde, ensalzó la labor de aquel noble soldado que dio su mente y su talento como sus mejor armas contra la opresión.
Cuenta una leyenda urbana, que el logotipo corporativo de una célebre compañía rememora a este noble adalid. Extraña coincidencia, pero no deja de ser loable que además de reconocer los productos de aquella se honre a este hombre y a su legado.

1 comentario:

  1. Hola!
    No acostumbro a visitar los espacios de aquellas personas que lo hacen en el mio. No creas que es orgullo o algo peor, es pura y fisica falta de tiempo; sin embargo, me encanto el tuyo, me encanto la cronica del pitufo, lo del pibe, la historia de Alan T...en fin: TODO!

    Espero que sigas de vez en cuando visitando el mio y recuerda que alla puedes descargar el libro CARTAS DESDE LA ZONA DE DISTENSION y el cuento EL DIA QUE SECUESTRARON A...(de humor)

    Un fuerte saludo

    Andrés Candela

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