mayo 23, 2009

Historia de taxi


En Colombia se vive un puente festivo este fin de semana... Liberado de mis ocupaciones habituales por estos días decidí cambiar mi rutina yendo al sector de Bocagrande en Cartagena de Indias, ciudad en la que resido.
Decidí cambiar mis anteojos medicados y aunque el sitio donde quise comprarlos estaba cerrado, no retorné a mi casa y en tanto compré un café.
En el sitio donde degustaba mi vaso, me llené de mucha melancolía. Quizá a causa del cielo gris que cubría el cielo de la mañana.
Aunque la brisa marina que recibía me ofrecía un aire de cambio, como celebrando mi empeño de salir de mi aposento, así fuere por necesidad.
Regreso al lugar donde pretendí comprar mis nuevos anteojos, y aunque finalmente los obtuve, recibí una atención muy cálida de parte de la vendedora que me atendió y de la médico que me efectúo la revisión. Una sonrisa, un gesto amable, pensé, puede cambiarte la óptica.
De vuelta a mi hogar, detengo un taxi. Regateó con el conductor por el precio de la carrera, ignorante del precio habitual de la misma, obtengo un acuerdo con el amable señor.
Subo al vehículo y aunque reduzco el precio reglamentario en un 15% de su valor (Una diferencia bastante minúscula aunque significativa en la economía de un país como el mío), el conductor me dice que toma la carrera porque nunca le dice que no a nada. Siempre con una sonrisa, con un tono alegre, convirtiéndose en un amigo, si bien pasajero, será difícil de olvidar.
Pude pensar que su alegría se debía al uso del aire acondicionado de su automotor que le convertía en rey en una ciudad donde el calor impera.
No fue así, pues me deje llevar de su cortesía, de su cálido diálogo. Alabé su actitud frente a la vida. Y me contagié de ella. Me colaboró Keep On Movin' de UB40 que sonaba en su radio. Aún así, pude interpretar que la vida no se detiene por un cielo gris. Siempre habrá algo que podrá alterar el rumbo para bien. El viento podrá soplar finalmente a tu favor.
Hoy agradezco a la vida por aquellos con los que me tropecé. Cuán equivocado estuve al sentir melancolía...
Al concluir mi trayecto, le pagué el valor habitual de la carrera a tan gran personaje.
Ya sabe! Actitud positiva!
Fueron sus palabras de despedida. Sabio...

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