febrero 02, 2012

El día que más odié a Directv


Me sentí muy feliz cuando llegó la navidad. Esa época de compartir con la familia y los amigos, de embriagarse hasta más no poder, las rumbas, los paseos, etc. Pero hay algo muy importante, quizás sea lo más importante de la navidad: los regalos.

En mi familia no es que sea tradición intercambiarnos regalos. Es más, yo me regalé muchas cosas. Pero algo cambió esa navidad, algo que nunca pensé que podría pasar -ni en mis mayores fantasías no sexuales lo hubiera imaginado-... Pero pasó: ¡Mi madre me regaló un televisor LCD de 42 pulgadas! ¡Y qué señor televisor me han dado! Es uno de esos televisores a los que solo le hace falta un grifo por donde salga cerveza para que sea perfecto...
Entre tantos eventos que se me ocurrieron disfrutar en mi tele nueva pensé en el fútbol colombiano. Muy especialmente los partidos del equipo de mi ciudad.

Dicen por ahí que la felicidad nunca es completa, y lo pude comprobar en enero cuando me enteré que Directv compró casi que la totalidad de derechos de transmisión del futbol colombiano, y como podrán adivinar, no tengo Directv. Miré al cielo y lancé un madrazo a viva voz...
Después hice el deber de buscar qué era lo que había pasado en la licitación. En resumidas cuentas, aumentaron de manera exagerada el valor de los derechos de transmisión para que los operadores de cable sin tanto dinero (a los que estoy suscrito) no tuvieran el poder para comprar dichos derechos y sí Directv, cuyo objetivo es hacer que nos suscribamos a esa empresa a la fuerza. Por eso, trata de monopolizar todos los eventos deportivos que le interesan a los colombianos.
No me malinterpreten. Yo ya odiaba a Directv pero no en esta medida. Antes era una tranquilidad ver los partidos de las mejores ligas del mundo, especialmente la española, con mi humilde operador de televisión por cable. Ahora es un trauma cada vez que juegan Barcelona y Real Madrid. Hay que correr, literalmente, para encontrar un sitio decente para verlo, o en el peor de los casos hasta pagar entrada.

Ver a mi equipo del alma, desde la comodidad de mi casa con mi nueva televisión de 42 pulgadas cuando juega por fuera de mi ciudad era mi recompensa. ¡Hasta eso me han quitado!
Ya sólo falta que los partidos de la Selección Colombia también los compren de manera exclusiva. Total. En ese caso y viendo lo que veo que hacen con mi fútbol, pienso que me harían un favor.
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