mayo 27, 2011

FC Barcelona: Paris fue una fiesta

Atrás quedó el regocijo de Wembley y el romanticismo de su primera Copa de Europa. Atrás quedó la desilusión y el dolor de Atenas. La historia volvió a situar al FC Barcelona en una nueva final europea. Transcurría el año 2006, finalizaba la temporada y la Copa de Europa volvía a la ciudad que le había dado la vida cincuenta años atrás. Paris.
Ya no era el antiquísimo estadio de Colombes. Francia había organizado un campeonato mundial de fútbol y para recibirlo había construido una 'nave espacial'. Un espléndido estadio que tuvo el honor de recibir el primer título del mundo para un país con el que la magia de este maravilloso deporte tenía una deuda. El Stade de France, en el suburbio de Saint Denis, era el escenario escogido.
El conjunto catalán en ese entonces era dirigido por Frank Rijkaard. Los barcelonistas siempre sintieron aprecio y apego por la escuela holandesa, siempre que uno de sus mejores jugadores, Johan Cruyff, sembró una semilla en la institución que aún hoy se mantiene. Un estilo de juego perdurable solo desdeñado por la autocomplacencia, mal de todo club alguna vez ganador.
Y así, en aquella final, se medía frente al Arsenal de Londres. Como final de todo torneo, todo se decidía en los detalles. Pese a contar con dos de los mejores jugadores de la época -el azulgrana con Ronaldinho y el gunner con Thierry Henry-, más determinante el francés que el brasileño pero no fueron los protagonistas.
Al término de la primera mitad, el once inglés se iba con ventaja tras un soberbio cabezazo de Sol Campbell tras un saque de falta desde un costado del campo. Amén de jugar con diez, debido a la prematura expulsión de Jens Lehmann, guardameta y uno de los bastiones del equipo.
El segundo tiempo de la contienda, otra vez los detalles. Fueron las sustituciones el revulsivo que declinó la balanza en favor de los españoles. Rijkaard, viendo los espacios de los que disponía el equipo al tener un jugador más, decide incluir a un jovenzuelo tan blanco como la nieve. De apellido, Iniesta. Se disponía a jugar su primera final europea. Su primer partido importante. Abrió la cancha a punta de diagonales y trazos largos.
Otro sustituto, Henrik Larsson -veterano de mil batallas- tras recibir de Iniesta, sirvió para un camerunés de nombre Samuel Eto'o -canterano del clásico rival, Real Madrid- que colocó el empate. Larsson, nuevamente y antes de concluir las acciones buscó en la banda a un nuevo sustituto: Juliano Belletti que dio la gloria bajo la lluvia. El culé podía decirse nuevamente campeón de Europa. Lluvia. París. Fiesta.

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Manchester United: El milagro de 1999

Alex Ferguson llegó a Old Trafford, hogar del Manchester United, en 1986. En su maleta cargaba un par de temporadas espectaculares con el Aberdeen de su país, Escocia. Eso sí, bastó para cautivar a varios clubes reconocidos de toda Gran Bretaña que en los años 80's vivía bajo el dominio del Liverpool de la mano de otro escocés, Bob Paisley.
Desde entonces no se ha ido. Sigue ahí, anclado en el banco de los 'Diablos Rojos'. Sagrado desde que en él se sentase Sir Matt Busby, Ferguson se ha encargado de preservar el legado de esta institución, cautivando a jugadores y a aficionados de más allá de las islas.
Este escocés que hace honor al adagio 'más sabe el zorro por viejo que por zorro' ha respetado los preceptos del ManU, más allá de jugadores y dueños. Año a año, su trabajo de buen ojeador y excelente estratega le ha permitido construir una de las escuadras más grandes que hayan pisado un campo de fútbol.
Pero en 1999, una ocasión especial ha marcado la historia de este gran club y ha forjado la leyenda de este gran entrenador.
Ocurrió en Barcelona. Estadio Camp Nou. Era la final de la Copa de Europa y frente a ellos, el Bayern München, campeón alemán.
Partido cerrado que inició con ventaja de los teutones. Mario Basler marcaba temprano tras un cobro de falta indirecto. Pero noventa minutos no bastaban para decretar un campeón. Las postrimerías del encuentro aguardaban una sorpresa. Un milagro. El milagro de Barcelona.

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mayo 04, 2011

Simplemente... Ray!

ray charles

En esta mundo, sólo estamos de paso. Y en este gran banquete que es la vida, hay que picar un poco de todo.
En la sección musical de ese banquete, me topé con un disco titulado 'Cafe New York'. Una recopilación de canciones ambientadas en la capital del mundo. Muy recomendado, por cierto.
Me topé con la canción número once. Al escucharla visualicé en mi mente aquel personaje de lentes oscuros y gran sonrisa que la interpretaba. Todo un virtuoso de la canción. Una leyenda. Ray Charles.
Sin conocer mucho de él, vi la película que retrataba su vida. Una gran interpretación de Jamie Foxx, ganador del Oscar por mejor actuación gracias a la misma. Una gran banda sonora. Genial música. Eso fue su vida. Pese a la adversidad, genial y maravillosa música.
Por cierto, la canción número once se titula 'Hit the Road Jack'. Número 1 en ventas en el año 1961. Toda una pieza para ustedes, lectores de 'La Hora'...

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