junio 16, 2010

El dolor que causa una vuvuzela...

Para quien ama el fútbol, el verdadero dolor de tener que escuchar/soportar (tache la que guste) las vuvuzelas es que se pierde esto: 



Sin palabras...
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junio 13, 2010

Gracias, Madiba

Hoy, que los ojos de este indiferente planeta se posan en la parte meridional del continente original a causa de una pelota que no se sabe cómo vuela, vale la pena saber que la historia de esta nación llamada 'País del arcoiris' o Sudáfrica para los poco orientados en geografía, tiene un largo recorrido que merece ser conocido pues es digno de toda atención.
Sin embargo, no es menester de estas letras contarla. Para esa tarea bien están los libros y maestros de historia que pueden hacerlo mucho mejor que quien intenta escribirles. Ahora, hago un esbozo en la historia de esta nación, que tiene un lugar muy especial para un hombre que supo curar las heridas de su pueblo que de forma fratricida se anulaba bajo la pantalla del racismo.
La vida y obras de Nelson Mandela está disponible para todo aquél que quiera saber de ella. Madiba, como le conocen sus conciudadanos, es un ejemplo de vida pues logró reconciliar a un país entero enseñando a reconocer que en la debilidad de unos está la de otros, y que la verdadera grandeza de ser humanos es perdonarse y reconciliarse para compartir. 
Pero hay un hecho en particular que ha logrado conmoverme mucho más y en él está reflejada la labor de Mandela mismo.

Los Springboks, es el mote del equipo nacional de rugby de Sudáfrica. El mayor orgullo de la clase afrikaneer (blancos de descendencia holandesa que colonizaron el país en el siglo XVIII), minoritaria pero dominante en aquella nación. El dominio del afrikaneer se percibía en la opresión y el desprecio al negro, por lo que la casaca verde springbok era el icono mismo de aquello que flagelaba a la mayoría.
Madiba, unificó a su país en una de las mayores hazañas deportivas de ese deporte y de paso la transformó en una de las mayores hazañas humanas. En la final del campeonato del mundo de ese deporte, celebrado en aquél país, los negros cantaron el himno afrikaneer y los afrikaneers cantaron el himno negro. Ambas canciones componen hoy el himno oficial.
Finalmente, negros y afrikaneers se abrazaban para celebrar la conquista del titulo, siempre bajo la mirada y la afable sonrisa de Nelson Mandela.
De esta manera, es motivo de orgullo ver a los Springboks cantando el himno del país. Esta, fue un logro de Mandela y, aunque no compone todo su trabajo, es un pequeño fragmento de lo que es hoy su nación. Su Sudáfrica.



Nota: La historia en nuestros tiempos se valora más de forma gráfica. Recomiendo 'El factor humano' de John Carlin y la película 'Invictus' basada en este libro.
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junio 12, 2010

Paralelismo

Y así me quedé. Vacío. Con la mirada en tierra. Tratando de encontrar un porqué al sabor amargo que se quedaba en mi boca. Tratando de comprender algo que en ese momento era mucho más grande que yo. Derrota.
Será que mi arma no funcionó? Será que no la supe operar? Será que me quedó grande la responsabilidad que asumí?
De tanto divagar, la pregunta sufrió una transformación. Ya no era porqué. Para qué?
Para qué pelée? Para qué me expuse al impávido sol? Para qué recorrí esa distancia?
Apareció el motivo... Y aunque me pareció grande, y más que un honor lo consideré un deber. Para defender aquello en lo que creo. En lo que siento.
Aquella tórrida mañana tomé rumbo al lugar donde encararía mi destino. Me encomendé con devoción absoluta que el futuro podía ser mejor. En mi cerebro, sólo persistía aquella idea. La sostuve con tanto ahínco y tanto fervor que mi convencimiento fue mucho mayor.
Y marché...

Cuando llegué al lugar, noté que reinaba cierta confusión. Pensé que era normal. Después de todo, era la primera vez que veía tanto movimiento. Filas de gentes que como yo, pensé en mi ingenuidad, venían a buscar lo mismo.
Busqué mi posición en la lucha tan rápidamente como recibí aquel no tan lejano día la notificación en la que me informaban que tenía que combatir. Lo asumí. Tenía que hacerlo.
Hábil como fui con los números, la encontré. Entregué mis pertenencias para que mi identidad fuese comprobada en caso de una baja. La posibilidad era latente aunque distante, pensé en mi temprana ingenuidad. A cambio de ellas, me fueron asignadas mis provisiones. Era el tiempo de pelear.
Ese día, marcado en mi calendario como estaba, aunque convencido también estaba prevenido. Había escuchado rumores que decían que el enemigo se había infiltrado en nuestras filas. Que era capaz de persuadir mentes para hacerlas cambiar de bando. Ofreciendo beneficios. Coartando libertades. Comprando conciencias.
Sabiendo los rasgos inherentes de tan despiadado ser, no cabía en mi mente que pudiera existir alguien así. Pero contradiciéndome, sabía que existía y sin embargo me preguntaba cómo esto podía ser posible.
Acaso no somos mentes libres? No tenemos los ojos abiertos para darnos cuenta todo lo que había hecho?
Era la naturaleza del enemigo la que me había hecho creer que era posible vencerle. Era la naturaleza de mis compañeros de jornada la que me daba la firme convicción de que podía marchar a casa satisfecho del deber cumplido.
Entre otros rumores, escuché que el enemigo había manipulado las herramientas de combate para hacer creer a quienes las portaban que además de ser efectivas, funcionaban a la perfección.
Así pues, tomé la bayoneta que me fue asignada. Puntiaguda, revisé su filo. Sin mayores reparos comprobé que funcionaba correctamente. Las bayonetas que se entregaban tenían una característica bastante peculiar y es que sólo estaban cargadas con un disparo.
Un disparo. Un tiro. Sólo un tiro. La diferencia la marcaba sólo eso. Nada más. Era suficiente pero, a su vez, era necesario disparar con la mayor precisión. La probabilidad de acierto era del diez por ciento. Una cifra que no debía despreciarse pues, cuantificaba el peso de mi responsabilidad.
Anónimo me puse al frente. Un único proyectil y en mi mente la convicción de hacer lo correcto. Apreté la bayoneta y, con toda la fuerza que podía emitir mi corazón, disparé. No cerré los ojos, pero al entrar mi corazón al juego, inició una lucha interna en mí sobre cuál era el sitio indicado para apuntar. Absurda confrontación, pues el disparo ya se había efectuado. Lo que sea, que fuere!
Salí de la escaramuza no sin que antes me fueran devueltas mis pertenencias a cambio de mis provisiones. La bayoneta debía ser recargada para que otro pudiera hacer su disparo. Así fuera yo el siguiente objetivo.
Me marché del lugar sabiéndome valiente, más no vencedor. Nunca gusté de cantar odas de victoria antes que el reloj marcase el tiempo correcto. Después habría tiempo para escuchar los partes del resultado.
Valiente me reconocí por haber tenido la disposición de afrontar mi destino. No cualquiera es capaz de gastar esa única bala por defender sus banderas. Sus ideales. Su destino.
Así, con ese sentimiento forjado, me alimenté y tomé mi siesta. Ilusionado pero ansioso. Pronto la verdad sería revelada. Y como tal debía ser aceptada, por dulce o amarga que fuese.
Uno a uno fueron llegando los reportes del resultado final. Mis ojos no daban crédito a lo que veían ni mis oídos a lo que escuchaban. Finalmente, el resultado final fue que no lo hubo. Las cosas seguían en su lugar.
La mirada seguía en tierra y cariacontecido me retiré, supuestamente, a descansar. Pero nunca se descansa, con una duda rondando cual espectro en cementerio olvidado.
Dicen, que la esperanza es lo último que se pierde... Pero la frustración es más grande que yo. Y aunque los optimistas y positivos crean que mi relato estropea su pensamiento y aunque exista la posibilidad de disparar una segunda bala, no pido comprensión pues siempre es duro pelear una guerra. Pero es más duro saber que al que te enfrentas no es más que aquél que llamaste vecino, o llamaste amigo, o llamaste hermano. Sólo por el hecho, ahora triste para mi, de que cada cabeza es un mundo.
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Mundial, donde juegan hombres y humanos


La caja mágica ha vuelto a hacer de las suyas. Cómo es posible que tenga que esperar cuatro años para esto, dirá inconsolable... Ha vuelto el campeonato del mundo de fútbol, llevando al frente de la tele a millares de millones de espectadores. Y es que, ¿a qué aficionado a este deporte no le hace ilusión este acontecimiento?
Imaginen ese obsequio que se espera por tanto. Aquel bello fruto maduro situado en la copa más alta esperando a caer.
Se juega en Sudáfrica, la nación del arcoiris otrora afectada por la plaga del racismo disfrazado de apartheid. País de contrastes. Desarrollado pero pobre. Pero al tiempo esperanzado porque los ojos de este indiferente planeta le han otorgado alrededor de treinta días de especial atención. Así sea a la vista de una pelota que no se sabe cómo va a volar.

Al momento de escribir este post, se han jugado ya cinco partidos. Tres empates y dos victorias. Siete goles.
Tshabalala, un sudafricano, ha sido encargado de marcar el primer tanto de este torneo. Un potente derechazo cruzado a la portería que defendía el arquero mexicano Oscar 'El Conejo' Pérez después de una jugada fabulosa. Finalmente, el marcador decretó tablas entre anfitriones y manitos.
Sin embargo, a la sombra de la fría estadística, el último gol marcado a la fecha fue bastante desafortunado.
En el juego que enfrentaba a las selecciones nacionales de Inglaterra y Estados Unidos, transcurría el minuto 39 del primer período cuando Dempsey, un centrocampista que curiosamente juega en Inglaterra, sacó un disparo bajo. Bastante fácil a la vista de cualquier mortal que osa colocarse bajo una portería. Lo inesperado sucedió... El arquero Green no pudo contener el remate en sus manos y cual mantequilla derretida, el esférico se escurrió buscando cansinamente la red ante el fútil esfuerzo del cancerbero. Caía el empate a uno.
Este hecho no alcanzaría mayor notoriedad a los ojos de aquel que no comprende o intenta comprender este milenario deporte. No. Es la portería de Inglaterra, menudo tesoro, lo que está en juego.
La actualidad del equipo pross muestra a un conjunto sólido forjado a base de disciplina y organización desde la defensa hacia arriba. El punto débil se señala en el jugador número uno. Aquel de verde que osó colocarse bajo la puerta de una de las selecciones nacionales más fuertes del planeta.
Producto de la globalización, el campeonato inglés está plagado de extranjeros lo que ha otorgado mayor calidad y vistosidad, además de los consabidos beneficios comerciales. Sin embargo, esto lo sufre la posición de arquero ya que los mejores de la liga, no son nacionales. Fabio Capello, jugador italiano de la década de los setenta y hoy entrenador del once inglés, ha tenido prácticamente que hacer peripecias para seleccionar tres jugadores que puedan vestir el buzo.
Aunque no son los mejores del mundo, han tenido el honor de ser convocados a la máxima cita. Green, autor de tamaña equivocación, levantó la mirada y su mano para pedir excusas a sus compañeros. Por dentro, la procesión... El derecho que les fue dado a estos veintitrés jugadores, les hace saberse los mejores de su país. Hombres primero, llenos de coraje para defender su bandera. Humanos, capaces de cometer errores y reconocerlos para luego... Levantar la cabeza y pedir excusas, como lo hizo el hoy tristemente célebre Green.
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junio 05, 2010

Niche, salsa con sabor a caña

Llega el turno de honrar a una de las más excelsas agrupaciones que hayan podido interpretar el ritmo de salsa en la historia, bajo el pensar de quién escribe estas letras.
Colombiana. Nacida bajo la partitura de Jairo Varela, hizo, y lo sigue haciendo, bailar a todos los salsómanos del mundo entero llevando el mensaje de una ciudad enclavada en el valle que ríe entre dos cordilleras. Que Cali, Colombia, es la capital mundial de la salsa. Que Cali es Cali, lo demás es loma.
Para aquellos que disfrutan de esta música, del Grupo Niche para ustedes. Con la magnífica voz de Tito Gómez, ya fallecido. Desde el Madison Square Garden, "Cali Pachanguero"!

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La Alemania Benetton


"El fútbol es un juego que enfrenta a once contra once y en el que siempre gana Alemania."

Coraje, disciplina, organización, fuerza. El fútbol alemán nunca fue alegre, pero siempre fue eficaz. Prueba de ello son los tres campeonatos del mundo que ha obtenido la Mannschaft, su selección nacional. Desde el mundial disputado en Suiza, en 1954, nunca han dejado de asistir y siempre han alcanzado instancias importantes. Si bien, su afición siempre trató de aportar la alegría y la vistosidad que a su seleccionado le faltó, convirtiendo la grada en un Oktoberfest. Sin embargo, en la retina de los aficionados al fútbol quedarán grabados grandes equipos. El de 1990 con Matthaüs, Völler, Brehme, Klinsmann, Illgner bajo la batuta del siempre recordado Franz Beckenbauer, el mejor jugador en la historia del país y campeón del mundo como jugador en 1974.

Sudáfrica 2010, a punto de iniciar, tendrá la presencia de un equipo alemán bastante particular. Alemania contará con la selección más joven de su larga historia desde 1934. Además de ser bastante heterogéneo.
El equipo no escapó a la realidad de la sociedad de su país. La inmigración, la diversidad racial, han dejado su impronta en el equipo dotándole de factores no antes vistos. Hoy, hijos de inmigrantes turcos (Tasci, Ozil), bosnios (Marin), polacos (Podolski, Trochowski, Klose), ghaneses (Boateng), tunecinos (Khedira), nigerianos (Aogo) jugarán bajo la bandera de la nación que les acogió y aportarán velocidad y toque, lo que sumado a las ya citadas características inherentes a su fútbol, harán de Alemania una selección a tener en cuenta en el campeonato del mundo. Vale la pena citar también que contarán con un brasileño nacionalizado (Cacau). Esta mezcla multiétnica ya vista en otras naciones, propia de una publicidad de Benetton, nunca había tenido tanta notoriedad en los teutones sin que eso afecte a su estilo habitual de juego.

A tener en cuenta: La combinación entre Ozil y Marin, ya efectiva en el Werder Bremen, dará explosividad a su juego de ataque. La base del Bayern Munchen aporta músculo y organización liderados por el ahora capitán Philip Lahm.
Aunque no tenga muchas posibilidades en el once titular, Miroslav Klose es uno de los máximos goleadores de las Copas del Mundo con diez anotaciones. Está a cinco de Ronaldo, número uno en la lista con quince.
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