julio 18, 2009

Patria son tantas cosas bellas...

Por la celebración de independencia de mi país...
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De la maleabilidad y otros demonios…


Y vuelve a ver las paredes
Con las viejas papeletas
Que prometían futuros
en lides politiqueras
Y en su cara se dibuja
la decepción de la espera...

Pablo Pueblo. Rubén Blades.

La Real Academia Española define la cualidad de maleable como aquello que se le puede dar forma sin romperlo.
Si usted quiere participar en una elección popular (entiéndase democrática) de cualquier país de América Latina y está de acuerdo con los 'tejemanejes' que sean necesarios para ser escogido, tenga muy presente este precepto además de tener a la mano un ejemplar de 'El Príncipe' de Nicolás Maquiavelo.

Lamentablemente el sol no se puede tapar con un dedo. Este cáncer que conocemos como corrupción y sus indistintas formas ha invadido nuestro continente.

Sin embargo, usted es dueño de una herramienta que quizás haya subestimado. Le daré una pista: hizo uso de ella al aprender las vocales. De hecho, le di dos: le mencioné la palabra aprender.
Muchos ‘avivatos’ en tiempo electoral marchan masivamente al encuentro de su amantísimo pueblo ofreciendo el ayer, el hoy y el mañana... visiblemente transformados en planchas, abanicos, estufas, billetes...

No tengo interés alguno en subrayar esto, más no bajo la voz para denunciarlo y hacerlo ver. Porque quizás no sea culpa de los electores. A lo mejor, es su triste naturaleza. Lo que ellos ignoran es que son ellos los que pueden decir basta.

La mayor parte de la población potencialmente electoral en muchos de nuestros países es pobre. Muchos no alcanzan a ganar un dólar diario en lo que define el Banco Mundial como límite de extrema pobreza. Algunos ganan más pero sus salarios son insuficientes.
Voy a remitirme al primer grupo para exponer un planteamiento que, prevengo, puede sonar bastante cruel: Los pobres de América Latina son personas agradecidas. Por ejemplo, un 'personaje' que busca ser elegido llega dónde un vendedor de plátanos en el mercado que puede ganarse en un día alrededor de unos 20.000 pesos, más o menos 10 dólares. Le pide que vote por él y a cambio le da tres veces lo que se gana en un día. El humilde señor quizá nunca haya visto tanto dinero en un solo día y ante la necesidad de su familia accede. Todo ese dinero sólo por votar. Por poner una equis sobre su rostro impreso en una tarjeta electoral.

El resultado: Candidato elegido y pueblo en pie de guerra por promesas electorales incumplidas guardando el secreto que ya fueron permutadas por el sustento de sólo un día y con el remordimiento de soportar al electo por un largo período.

Antes de subir la voz y tocar campanas, tenga en cuenta que no tiene enfrente un dedo índice. No lo mire de esa manera. Más bien, sepa que esta es una realidad que sucede muy a menudo. Puede ponerle el adjetivo que desee. El candidato maneja la masa a su antojo aplicando el mismo escenario a otros 'vendedores de plátano'...

La maleabilidad del electorado. Del electorado de escasos recursos y necesidades insatisfechas.
La educación, estimado lector y espero que las pistas le hayan ayudado, es la herramienta fundamental para combatir este mal. La capacidad de discernir cuáles son las consecuencias de aceptar la maleabilidad debe ayudarle a pensar antes de actuar. Pero esto no debe concluir aquí. Compartir este mensaje y educar a aquellos que vienen siendo presas fáciles de aquellos 'lobos' es un deber ciudadano. Usted es herramienta clave para detener este mal.
Pero el libre albedrío es la piedra angular de todo esto. Por lo que en sus manos está, amén de haber recibido la educación necesaria.

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